What Makes Colombian Coffee So Special?

A story of Colombian coffee, its history, culture, and identity.

3/2/20263 min read

El café ha sido parte de mi familia por generaciones. Antes de convertirse en un negocio, fue un hábito: una forma de conectar, de reunirnos y de transmitir valores familiares.

Hay un lugar que me marcó profundamente: Oiba, Santander, el lugar donde nací. Aunque mi familia se mudó a Boyacá cuando yo era una bebé, regresar a la finca de mis abuelos siempre significaba horas de viaje en carreteras entre las montañas, y bruscos cambios de clima del frío al calor a medida que nos acercábamos. Viajar de Socha, Boyacá, a Oiba, Santander hacía que cada visita se sintiera como un reencuentro: la familia esperando en un lugar estratégico para que no nos pasaramos la parada, ayudando a cargar las maletas, y cajas de mercado, y compartiendo novedades de los familiares.

Santander es una región hermosa que merece ser visitada. Sus productos de caña de azúcar y los bocadillos de guayaba son los mejores postres para consumir. Y sí, también es el hogar de las famosas hormigas culonas, una tradición de los santandereanos.

Boyacá, por otro lado, es difícil de describir. Como dicen en la región: “Boyacá es para vivirla”. La tierra, su gente, el ritmo de vida. Y, por supuesto, es el hogar de las mejores arepas de Colombia: la arepa boyacense. También hay que resaltar el importante rol de Boyacá en la independencia del país.

La finca de mis abuelos estaba llena de vida, aromas y color: árboles frutales, animales, plantas de café y café secándose al sol sobre pisos de cemento. Aún recuerdo levantar la cabeza y respirar el aire, atraída hacia la cocina donde mi nona (abuela) tostaba café en una sartén profunda que parecía más un wok, la sartén que se utiliza para salteado de vegetales y arroz chino. Mi nona (abuela) revolvía los granos con mucho cuidado mientras la fragancia llegaba a cada rincón de la casa.

Cada miembro de la familia desempeñó un rol en la finca. Algunas tías y tíos recogían el café a mano durante la cosecha; otros ayudaban en el proceso. El secado de los granos era responsabilidad de mi nono (abuelo), y de vez en cuando mis tíos ayudaban a voltear los granos de café con un rastrillo de madera. El tostado pertenecía, por supuesto, a mi nona (abuela). Otras tías y tíos se encargaban de moler el café y de alistar el producto final para preparar un tinto.

Hay una recuerdo que permanece conmigo: mi nona (abuela) sentada junto a su bulto de fique lleno de café recién tostado, listo para vender. Tanto trabajo para recibir pocos ingresos por su café. Mis abuelos criaron a diez hijos con esfuerzo, resiliencia, humildad, y con unos cuantos regaños. Mi nona (abuela) siempre con una sonrisa en el rostro.

Con todo esto, siempre he sabido algo esencial: El café no es solo un producto; es el resultado del trabajo duro, trabajo en familia y dedicación por preservar las tradiciones de los caficultores y caficultoras.

Hoy en día, cada café que consumo me recuerda mis raíces y por qué elegí esta ruta. Cada momento en el mundo del café es una pausa para honrar a mis abuelos, mi herencia, y el amor que llevo por el país que me dio una identidad, ahora extendida a lugares que nunca imaginé llamar hogar, como Estados Unidos y México. Por ahora, espero poder conectar con más caficultores y compartir sus historias, mostrando al mundo cómo su dedicación se transforma en un café excepcional.

Te invito a conectar con nosotros, a unirte a nuestra aventura, y a disfrutar la experiencia de nuestro café de especialidad que viaja directamente desde la finca que lo produce hasta ti.

Lumière Café Colombiano

Luz Dary Niño Ortiz